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‘El desarraigo es un tema narrativo ecuatoriano’

26 de Agosto, 2007 - Carlos Rojas Araujo, corresponsal en Bogotá, El Comercio.

Leonardo Valencia en el evento Bogotá39

A través de la lectura de cortos fragmentos de sus cuentos y otras creaciones narrativas, cuatro de los 39 escritores menores de 39 años que desde el jueves se dieron cita en Bogotá revelaron algunas pistas del mundo que los inspira, intriga y obsesiona.

La cita fue el viernes por la noche, en el Planetario de Bogotá, donde el escritor guayaquileño, radicado en Barcelona, Leonardo Valencia, uno de los integrantes de este proyecto, departió una amena charla con el poeta colombiano John Junieles, la narradora cubana Ena Lucía Portela y su amigo cercano, el mexicano Jorge Volpi, una de las firmas más afamadas de la literatura contemporánea de Latinoamérica.

El misterio de la ciudad, ese mundo urbano capaz de conmover y espantar, sin duda es el centro del ejercicio literario de estos días. Así lo afirmaron los cuatro escritores a través de los fragmentos de las páginas que leyeron, cada uno a su tiempo, para contar con un sencillo manejo del idioma y con buenas dosis de ironía y descripción, los temas cotidianos que los inquietan a la hora de escribir.

Valencia fue el cuarto en leer. Su cuento El ideograma, publicado en el libro ‘La Luna Nómada’, es una triangulación de los acontecimientos que vivió hace 17 años, y que para plasmarlos en una cuartilla de papel se elevaron a un ejercicio metafórico.

Su viaje a Lima y la complicación de mudar con él sus 2 222 libros fueron resueltos por el Maestro y el Pequeño Saltamontes, los personajes de Kun-Fu, su serie de televisión preferida en la infancia, pero ambientada en los palacios que alguna vez Valencia conoció en su viaje realizado por China.

Como acotó posteriormente Junieles, los lugares reales no existen hasta que la memoria o la melancolía los inventen. Si esto es así, el cuento místico de Valencia tiene mucho de urbano.

Sin una experiencia cercana, difícilmente se podrá crear literatura. Esa fue otra de las reflexiones de los jóvenes narradores. “Muy poco puedo escribir del campo, porque casi no lo conozco. Para mí ese es el lugar donde los pollos se pasean crudos”, comentó Ena Lucía Portela, durante sus cortas intervenciones con el micrófono, debido al pánico escénico que dice caracterizarla y que obligó al escritor colombiano, Óscar Collazos, moderador de la mesa, a leer por ella uno de sus irónicos e incisivos fragmentos.

El ejercicio de escribir sobre la ruralidad para el mexicano Volpi significó un fracaso narrativo varios años atrás, “porque nunca vi una vaca en vivo y en directo”.

Así, aseguró que su mundo son las historias urbanas e históricas. De esta forma se constató que desde hace mucho tiempo los narradores de hoy pusieron distancia de los grandes escritores –muchos ellos del ‘boom’- que marcaron las pautas en la manera de escribir de sus respectivos países.

Menos en Ecuador, aclaró Valencia. “Nosotros no tuvimos un autor que haya sido parte de ese proceso”, comentó en público. Y en privado aclaró que aquello no se produjo por la falta de un talento nacional. “Tal vez el país no supo promocionar bien firmas como la de Pablo Palacio (...)

Valencia insistió que, en su formación teórica y narrativa, la influencia de los grandes escritores supera la territorialidad de un país (...) La ventaja, a su juicio, de que la literatura de Ecuador no ha logrado trascender con la misma fuerza que la de otros países, es que la capacidad de sorprender al mundo aún está latente. “A lo mejor, y eso es lo que yo he percibido, las editoriales esperan que un escritor colombiano, peruano, argentino responda los mismos temas que han caracterizado su literatura: la violencia en los dos primeros casos o la fantasía en el segundo. Ellos se sienten encasillados”.

Y aclaró que “como escritores ecuatorianos no tenemos que replegarnos ante el mundo sino salir de ese caparazón de tortuga y lanzarnos por el mundo como lo hizo Juan Montalvo”.

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